jueves, 15 de mayo de 2014

Padre Carlos Mugica

 Un mártir latinoamericano de Cristo pobre.

Fue un sacerdote y profesor argentino vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y a las luchas populares de la Argentina de las décadas de 1960 y 1970. La mayor parte de su labor comunitaria tomó lugar en la Villa de Retiro, que los vecinos llaman con su nombre.


Su pensamiento y acciones pueden resumirse en sus propias palabras:


“Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición.”



 Fue el fundador de la parroquia Cristo Obrero en la villa 31. Conjuntamente con su tarea pastoral en la, por aquel entonces, denominada Villa del Puerto, ubicada en los terrenos linderos al ferrocarril que rodeaban el edificio de depósito del Correo, en los `60 Mugica fue asesor espiritual de la Juventud Estudiantil Católica del Colegio Nacional de Buenos Aires y de la Juventud Universitaria Católica de la Facultad de Medicina.

El Padre Mugica, diferenciándose, de la gran mayoría de sacerdotes tercermundistas que, por aquellos tiempos, abandonaron la sotana dándole una justificación teológica a la violencia revolucionaria, la cual asimilaban a un fenómeno natural e inevitable, Mugica fue una de las pocas voces que no se sumaron al coro de la guerrilla, entre ellos, el padre Carbone, asesor nacional de la JEC.

Debido a su "opción por los pobres" concretada en una activa militancia social y por su independencia política recibió críticas de todos los sectores y varias amenazas de muerte y diversos ataques e intentos de matarlo. La causa por los crímenes cometidos por la Triple A la lleva adelante el juez federal Norberto Oyarbide, quien los consideró como delitos de "lesa humanidad" y, con esa decisión, logró que la causa sea considerada imprescriptible, ya que corría serio riesgo de ser archivada. 

Como los otros curas tercermundistas, pensaba que el único orden legítimo era el del evangelio y que el sistema que mejor lo reflejaba era el socialismo; un socialismo muy poco libertario: debía prever "estructuras políticas" para educar al pueblo. El canal para realizarlo en la Argentina sería el peronismo: un socialismo católico. Fue en nombre de esos ideales, no para que se restablecieran la democracia y las libertades, que combatió la dictadura militar nacida en 1966. Y fue en nombre de esos ideales que la combatió con especial saña cuando temió una "salida liberal", porque el liberalismo no era para él una idea como otras, sino el virus que atentaba contra el ser nacional. La violencia política le parecía entonces un medio legítimo para lograr el Reino: cuando dos jóvenes guerrilleros murieron en un enfrentamiento con la policía, los señaló como modelos de juventud. 



Enemigos 
 El primer golpe le llegó de las páginas de El Caudillo, diario financiado por López Rega, y fue una amenaza. La acusación era típica del repertorio peronista: Mugica vestía "el uniforme del pobre" pero no pertenecía al pueblo; sembraba odio en su nombre aunque Dios pidiera amar. Sólo había un peronismo, y Mugica no formaba parte de él. Y si no era peronista, tampoco era argentino, ni cura; era un político. Así razonaba el granítico silogismo. Tres meses después, otro duro golpe le llegó de dirección opuesta: venía de Noticias, diario revolucionario. La amenaza era implícita: el artículo que lo lapidó se llamaba "Cárcel del pueblo: Carlos Mugica". Los viejos compañeros tampoco le perdonaban no ser hijo del pueblo: era un Mugica Echagüe, un oligarca. Ni toleraban que no respetara la trinchera: ayer había sido montonero y hoy estaba con López Rega, escribieron; era un "cruzado del oportunismo", un "pavón infatuado", un traidor.

Fin de su vida
Debido a su "opción por los pobres" concretada en una activa militancia social y por su independencia política recibió críticas de todos los sectores; amenazas de muerte y diversos ataques e intentos de matarlo. El 11 de mayo de 1975 fue emboscado cuando se disponía a subir a su auto Renault 4 azul estacionado en la puerta de la iglesia de San Francisco Solano de la calle Zelada 4771 en el barrio porteño de Villa Luro donde acababa de celebrar misa. Falleció poco después, en el hospital Juan F. Salaberry del vecino barrio de Mataderos.
En los días posteriores se plantearon dos hipótesis acerca de quiénes habían ejecutado el crimen. Algunas versiones, que según Martín De Biase marcaban la tendencia mayoritaria en ese momento, señalaban a la organización Montoneros y se apoyaban en las diferencias políticas entre ellos. La organización difundió de inmediato un comunicado, publicado en los periódicos del 13 de mayo de 1974, en el cual reconocía que había tales diferencias pero negaba la autoría del hecho e imputaba el mismo a "las bandas armadas de derecha". Desde las páginas de medios de prensa enrolados en la posición de José López Rega, ministro de Bienestar Social, se insistió en esa versión y poco después el propio ministro bautizaba un barrio recién construido en Ciudadela con el nombre Presbítero Carlos Mugica. También Antonio Cafiero afirmó que Mugica fue asesinado por Montoneros.
Con el tiempo, la opinión mayoritaria se inclinó por imputar el crimen a la organización de derecha Alianza Anticomunista Argentina (La Triple A), orientada por el ministro José López Rega. Algunos sindican a Rodolfo Eduardo Almirón, vinculado a la Triple A, como el autor material del crimen. Según versiones de testigos, el autor fue un individuo con bigotes: se sindicó a Rodolfo Eduardo Almirón, cabecilla de dicha organización. Mugica fue baleado con una ametralladora Ingram MAC-10. Los proyectiles le afectaron abdomen y tórax; trasladado al hospital, falleció a los pocos minutos.

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